| De espaldas en la región |
|
|
|
| Escrito por Arquitectura Dominicana | |
| Saturday, 18 June 2005 | |
|
El país vive de espaldas en la región “La arquitectura caribeña no son solo techos de palma cana y paredes de tablitas como se ven en el campo y son emulados por los diseñadores de ‘resorts’ de playa. Es construir pensando en nuestro entorno, en nuestro clima, en nuestra condición de isla”, explica a El Caribe Teoódulo Blanchard, experimentado urbanista criollo. “Hace ya varias décadas que no estamos influenciados por la región, por las Antillas –continuó- sino más bien por los continentes. Lo que se está haciendo aquí es arquitectura continental”. José Antonio Natera, un arquitecto dominicano radicado en Trinidad y Tobago y especializado en diseño caribeño, concuerda con Blanchard. Y este abandono no solo es perceptible para los urbanistas criollos, como quedó evidenciado el pasado 3 de mayo en el Primer Convite de Arquitectura Caribeña y Contemporánea organizado por el Centro de Estudios de Arquitectura y Urbanismo (Cedarq) de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode). “Definitivamente, esta arquitectura está en crisis, y en algunos países, como éste, esa crisis es más evidente que en otros”, reconoció el arquitecto puertorriqueño Andrés Mignucci, uno de los expertos que participaron en el evento. “Es vital reconocer las bondades de nuestra ubicación geográfica y promover políticas públicas al respecto, que puedan frenar los referentes de un mundo y un contexto que no nos pertenece”, indicó. La Crisis de lo indefinido. Aunque pocos se aventuran a dar soluciones para el problema, sí hay consenso en aceptar que éste tiene parte de su raíz en el hecho de que la arquitectura caribeña, como tal, aun no tiene una definición universalmente aceptada, lo que deja mucho espacio a la imaginación y, más aun, a la adaptación. “Uno puede ver algo e identificarlo, encasillarlo. Esto es arquitectura moderna; aquello, contemporánea y eso, francesa… pero no existe una definición textual de qué es arquitectura caribeña, o, por lo menos, no en el caso dominicano”, afirma Gustavo Moré. Para él no se trata de edificaciones en serie que compartan un conjunto de características idénticas, sino más bien de particularidades simples pero imprescindibles que toda obra construida en el trópico debe tener: “Un sistema de ventilación que no requiera necesariamente de energía eléctrica, materiales que respeten el medio ambiente, estructuras que, sin romper estéticamente con el entorno en el que se encuentran, sean resistentes a los fenómenos atmosféricos propios de esta región”. Una barrera. Es difícil romper con décadas de alejamiento de lo regional. Pero para Mark Raymond, otro de los invitados al Convite, hay un elemento clave para iniciar el proceso: “Hay que romper la brecha entre ciudad e individuo, centro y periferia”. Pero no se trata de sancionar todo lo que no es caribeño. “Hay que buscar un balance”, dice Moré. “Saber que no todo lo que vemos funcionar en otras tierras puede ser traído aquí y que lo que sí puede traerse debe de pasar por un proceso minucioso de adaptación” Para el costarricense Bruno Stagno todo se reduce a una “confusión de valores a grandes rasgos. Es alarmante ver coómo se copian modelos extranjeros sin tan siquiera hacer una reinterpretación”, expresó. “Esa falta de imaginación ha sido la verdadera sentencia de la arquitectura caribeña”. Para Moré, en cambio, los materiales y hasta los colores pueden adaptarse: “Lo importante es saber hacerlo. Si hay cristal, para poner un ejemplo, el arquitecto está obligado a protegerlo con ‘quebrasoles’, un sistema que regula la luz solar, produciendo más sombra y reduciendo la insolación”. |
|
| Última actualización ( Saturday, 18 June 2005 ) |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|




